El Discernimiento la Vía de la Libertad

Consuelo Martín

 

         Comencemos esta investigación dándonos cuenta de que el discernimiento tendría que estar ya aquí en nosotros para que podamos investigar sobre él. Porque cuando pensamos sobre lo que es el discernimiento, lo hacemos sin discernimiento, con lo cual no hay ninguna garantía de verdad en ello.

 

         Por eso una investigación como ésta no consiste en pensar sobre algo sino en abrir un espacio en nuestra mente para dejar paso a la luz; para permitir que se produzca ese resplandor de la luz que es el discernimiento en nosotros. Parecería equívoco nuestro trabajo, nuestra misión aquí, si realmente nos ocupásemos en definir el discernimiento, en qué consiste, o cómo se hace, ya que entonces sólo nos limitaríamos a pensar sobre ello. Lo que realmente vamos a hacer es preparar la actitud adecuada para que nuestra mente esté en las condiciones óptimas para discernir. La situación más favorable es que esté vacía de errores, de ideas previas, de prejuicios para que el discernimiento se presente, y es entonces cuando sabremos lo que el discernimiento es.

 

         Cuando a través de nosotros se exprese la inteligencia, es decir, la luz que ilumina, entonces y no antes, sabremos lo que es el discernimiento. Todo lo demás serán juicios. Podríamos llegar a pensar que discernir es juzgar, ver qué es lo correcto o incorrecto, lo verdadero o falso, lo bueno o lo malo. Podemos llegar a creer que discernir es eso y llegamos a la conclusión de que hemos hecho una investigación "sobre la verdad" y realmente no se ha hecho "en la verdad" porque allí faltaba la luz. Lo que se ha hecho es simplemente manipular, colocar los datos de cierta manera y relacionarlos valiéndonos del pensamiento. Por lo tanto, tengamos presente desde los inicios, desde el principio mismo de esta investigación, hasta qué punto lo importante no es el pensar sobre algo ni la noción ni el concepto que tenemos sobre algo sino la penetración en la conciencia para que se abra un camino, y pueda aparecer allí la luz del discernimiento. Y vivirlo en nuestra vida y así ser más libres.

 

         No conoceremos nunca lo que es el discernimiento si lo consideramos como un objeto que tenemos, guardado, archivado, preparado para cuando sea necesario actuar con libertad en el vivir. No es así. Cuando aparezca el discernimiento en nosotros, se manifestará de la manera en que surge la inspiración. Porque la inspiración es precisamente ese resplandor del discernimiento. Sin la luz no hay discernimiento, no hay capacidad de ver la verdad y sin la luz no hay inspiración, por eso el resplandor de la verdad es creativo y se produce a partir de la luz. No investigamos para averiguar qué es algo o qué debemos hacer al respecto, sino para encontrar la posición justa en nuestro interior, la colocación adecuada para que penetre la luz.

 

         Algunos edificios en la antigüedad, los de los egipcios, por ejemplo, tenían detalles constructivos francamente curiosos; colocaban las piedras de manera que en un momento determinado el sol pasara justo. por aquel hueco que habían dejado entre ellas e iluminara un lugar.

 

         ¿Cual sería nuestro trabajo en una investigación?, sería precisamente eso, dejar un espacio. Pero para dejar un espacio no hay más remedio que movilizar piedras, colocarlas de aquí para allá, distribuirlas de una manera u otra, cambiarlas de lugar, eliminar lo que estaba obstruyendo. Eso es investigar, eso es una investigación sobre la verdad. Y es imprescindible que el trabajo de la colocación de las piedras se haga de tal forma que vayan cayendo los errores y pueda abrirse un espacio, un lugar donde, en un momento determinado, penetre la luz.

 

         Con este ejemplo, puede parecer que la luz sea un efecto condicionado a que nosotros hagamos algo en particular, pero no, nosotros simplemente abrimos el hueco y la luz "que siempre está allí", cuando pasa el sol, cual sol penetra. Por eso está completamente fuera de lugar todo método, técnica o fórmula para llegar a la luz. Dicen que hay técnicas en Oriente he oído hablar de ellas como todos vosotros, y son útiles para ciertas cosas, pero no para llegar a la luz.

 

         La luz es sin condiciones, es lo que es; nosotros sólo nos movemos para ser iluminados, para que Aquello ilumine y ese es el camino del discernimiento. Pero no podemos llegar a la luz haciendo determinadas cosas. Se llega más bien no haciendo, en un no hacer, un no poner obstáculos, un dejar un hueco. Esa sería en realidad nuestra actividad. Una actividad que se parece más a la "no actividad".

 

         Y sin embargo, lo anterior no quiere decir que no actuemos. La búsqueda de la verdad nos hace pasar por muchísimas experiencias y tenemos que responder a muchos retos. Y precisamente este sentido de la respuesta de la vida pone de manifiesto lo liberador que es el discernimiento, Cuando descubrimos la verdad, esa verdad amplía hasta el infinito, sin límites nuestra conciencia y entonces descubrimos lo que es la libertad. No lo habríamos descubierto antes. Anteriormente soñábamos con poder ser libres cuando consiguiéramos algo, cuando pudiéramos hacer esto o aquello. Y no hay nada tan fácil como conseguir aquello que uno perseguía para descubrir que ahí no está la libertad. Imaginamos que ser libre es tener una seguridad en el terreno físico, afectivo o mental, pero cuando lo conseguimos, constatamos que no es ahí donde está la libertad que añorábamos. Incluso en el camino para obtenerlo, dormidos como estamos, no hacemos más que atarnos, limitarnos más y más.

 

         De estas ataduras que nos vamos haciendo por inconsciencia, por no ver las cosas tal como son, no nos libra nada ni nadie. Si pusiéramos junta toda la astucia de la humanidad con sus múltiples técnicas, métodos, sistemas, filosofías, dogmas, leyes, culturas y artes, si pudiéramos reunirla en un momento dado para conseguir esa libertad que añoramos, sería insuficiente. Está en otro ámbito. Pero, ¿cómo transmitir algo que escapa a la manera habitual de funcionar la mente?

 

         Únicamente me animo a comunicároslo porque sé que a pesar de que estamos habituados a vivir en un lugar limitado intentando conseguir todo desde ahí, a pesar de que actuamos en interrelación con la actuación y los deseos de los demás, a pesar de que nuestro interés es mejorar la manera de relacionar datos, cosas y situaciones para adquirir poder, a pesar de todo ello, siempre existe la posibilidad de abrir ese espacio, ese hueco que deje pasar la luz en nosotros. Y de alguna manera lo sabemos todos. En todos se encuentra esa chispa de intuición que nos dice que es posible la libertad, aunque una y otra vez vayamos por caminos equivocados y no lo hayamos descubierto. Esa libertad, no se alcanza actuando del modo habitual. De la manera que adquiero poder entre las cosas relativas, no logro aquella libertad que añoro.

 

         Manipulamos las cosas, las situaciones a través del pensamiento. Por medio de conocimientos adquiridos nos informamos. Y aplicamos la astucia pensada para descubrir qué es la verdad, qué es lo real, lo divino, lo sagrado, qué es aquello que nos libera, lo que produce la plenitud del. Vivir que añoramos. Utilizando el mismo método que nos sirve en lo relativo nos encontramos siempre frustrados. Porque el pensamiento es un círculo cerrado; funciona muy bien como instrumento e indudablemente hemos de mantenerlo en las mejores condiciones, posibles pues cuanto mejor sea el instrumento, mejor funcionará nuestra relación con el mundo. Pero teniendo siempre en cuenta que el pensamiento es un instrumento relaciona) que maneja datos, ordena la información lo mismo que lo hacen las máquinas creadas a su imagen. El pensamiento nunca sale de lo conocido, nunca puede abrirse a lo desconocido.

 

         El método que utilizamos para buscar la verdad ya está condicionando la verdad que vamos a encontrar. Es lo opuesto al camino del discernimiento. Los datos de información con los que jugamos para llegar a adquirir algo, para llegar a conseguir una situación en la vida y la base psicológica sobre la que nos movemos, condicionan completamente lo que vamos a obtener. Es muy fácil verlo. No es una teoría, lo podemos constatar en nuestra vida diaria, aunque no nos demos cuenta. Y es que estamos tan interesados en conseguir algo, que no nos fijamos cómo funciona el razonamiento en nuestra mente y tampoco vemos cómo nos movemos al actuar. La posición de nuestra mente, la colocación en la conciencia cuando estamos en la búsqueda de algo, cuando queremos encontrar la verdad de una situación, cuando queremos liberarnos de algo, cuando queremos llegar a la plenitud, esa posición de la mente, esa situación de la conciencia depende de aquello a lo que intentamos llegar.

 

         Nos estamos encerrando en un camino trazado de antemano. Desde un estado de duda, de confusión de angustia existencial, -porque todo ello es consecuencia de la falta de claridad- queremos buscar lo contrario, pero lo buscamos a través de esa duda, de ese conflicto, de esa angustia. Y así sólo se produce más conflicto, más angustia. Si no lo vemos así cuando se expresa, miremos en nuestra vida diaria hasta que descubramos lo que sucede.

 

         Si cualquier persona, sea científico, intelectual, o maestro espiritual, se coloca desde el nivel del pensamiento, todo lo que viva a partir de ahí estará condicionado. En cambio si una persona no está situada en el pensamiento, sino que hay un espacio abierto en ella a la luz, al origen de lo que es la vida, desde esa luz se abre un camino nuevo a la libertad. No importa qué actividad haga, no importa cómo se la considere socialmente, la información que haya acumulado, su profesión, sexo, edad, las fantasías que los demás hayan creado sobre ella sí es espiritual, o no, no importa nada. Según desde donde viva esa persona así será su libertad o su esclavitud.

 

         La esclavitud puede camuflarse de muchas maneras, pensando que uno se esclaviza para llegar luego a ser libre. El peor de los engaños en los que estamos cayendo los seres humanos, es pensar que el esclavizarnos, puede ser un camino para la libertad. Cuando hacemos eso no hay ahí ningún discernimiento de la verdad, allí no hay luz, no hay iluminación. Creo que con voluntad, atándome a unas cosas y otras, haciendo concesiones a lo falso de una manera u otra voy a conseguir la libertad. Ahora no estoy haciendo las cosas verdaderas, más o menos lo intuyo, pero necesito hacer estas cosas, necesito pasar por esto, hacer concesiones a lo falso, decir a las personas lo que no es en vez de lo que es, fingir, dedicar toda mi energía a algo que veo no es verdadero. Necesito hacer todas esas cosas falsas, para poder luego tener libertad y poder vivir una vida espiritual. Cuando observo esa conducta hay una gran sorpresa al ver que ilusión tan enorme puede anidar en una mente humana.

 

         Todo lo que es falso me ata, me limita, me separa. Una de las confusiones más comunes respecto al discernimiento, es creer que el discernir es separar las cosas falsas de las verdaderas, como si hubiera cosas falsas y cosas verdaderas, situaciones falsas y situaciones verdaderas, personas falsas y personas verdaderas. No hay tal, la verdad no es cosificable. Discernir no es separar cosas falsas de cosas verdaderas, no es elegir.

 

         El discernimiento es una visión liberadora. El estar mirando las cosas de una manera equivocada es lo que hace que no pueda ser libre. Si estoy mirando a partir del error, éste traerá encadenado otro error y si sigo caminando en esa dirección estaré dando pasos hacia el error y siempre con falta de libertad. La verdad es ampliar los límites, así como el error es quedarme cogido en algo. El error crea el funcionamiento dual de la mente, el creerme que soy algo separado de algo y pensar que hay un sujeto al que tengo que realizar, con el que tengo que conseguir algo en la vida. ¿Hay algo fuera de mí que pueda alcanzar?

 

         Todas las formas de dualidad son ilusorias. Pero entonces podríamos preguntarnos ¿todo es ilusorio? Sí, todo es ilusorio, todo lo conocido es ilusorio, Al separar por discernimiento lo ilusorio de lo real ¿hemos de abandonar todo y quedarnos sin nada? Tendríamos que mirar primero, que ese resplandor de la luz que es el discernimiento es la visión verdadera. Y así como la luz física permite que todas las cosas aparezcan y sin embargo cada cosa en particular aparece por la luz y sin la luz no aparece, metafóricamente hablando podríamos decir que solamente la visión verdadera permite que las cosas se coloquen en su lugar, como reflejos y expresión de Aquello, y es entonces cuando después de haber afirmado que todo es ilusorio, confirmaríamos que todo es verdadero, pero desde la luz.

 

         Normalmente, cuando no estamos en la luz, vemos unas cosas verdaderas 'y otras falsas. ¿Eso es el discernimiento? No. Eso no es discernimiento, porque lo hacemos juzgando desde el pensamiento a partir de un centro psicológico, que crea un ámbito de emociones. Algo así como: "lo que me conviene y lo que no me conviene". Miramos a partir del conocimiento de lo viejo, hacemos juicios pensados. Eso no tiene nada que ver con el discernimiento, como podemos ver. Discernimiento no es ver una verdad relativa, condicionada. Discernimiento es solo ver.

 

         Ya nos habremos dado cuenta de que el discernimiento requiere una actitud muy poco usual entre los seres humanos, que es la actitud de descubrir la verdad por encima de todo.

 

         Se nos dice que seremos libres viviendo en la verdad, pero ¿qué hacer si no es posible ver la verdad, si no es desde la verdad misma?. La manera de juzgar, habitualmente está distorsionada por la emoción de ese momento que depende de creencias equivocadas. Por ejemplo, creo que me falta tal cosa, creo que no soy eso, creo que tal persona posee algo que yo debo adquirir, etc,. es decir, siempre creemos que hay algo que conseguir. No es lo mismo vivir a partir de lo que creo que tengo que hacer, deformado por las emociones de ese momento, que actuar espontánea y creativamente. Estoy creyendo que debo actuar de cierta manera y me esfuerzo por ajustarme a esa idea. Otra cosa muy distinta es vivir a partir de la visión totalizadora del discernimiento, que no tiene barreras de emociones. Es entonces cuando estoy libre para hacer cualquier cosa. Y... ¿qué es entonces cualquier cosa? Cualquier cosa es lo justo. Se nos ha dicho en nuestra tradición que el justo es el que hace lo adecuado. ¿Qué es la justicia? ¿Qué es exactamente lo que tengo que hacer en cada momento? Podría dar mil vueltas con el pensamiento y nunca encontraría lo justo. En el mundo relativo no lo encontraré. Sin embargo lo justo se hace sólo, es parecido al caso de las construcciones egipcias: el sol da justo en el hueco que ya estaba preparado. Cuando pasa el sol ilumina justo aquello que se quería iluminar.

 

         Al movernos adecuadamente desde ese amor a la verdad, se produce una aceptación de la situación desconocida, cualquiera que sea. Y solamente con el amor a la verdad se llega a esta aceptación. Oímos a menudo que hay que aceptar la vida. Se recomienda como una fórmula que se aplica. Podemos darnos cuenta inmediatamente de la falta de discernimiento tan enorme que hay en ello. No consiste en aceptar la vida, si no hay una previa comprensión de lo que la vida es, y esa comprensión de lo que la vida es la da el discernimiento.

 

         Si no he hecho una investigación de la verdad no estoy en la verdad, ¿qué puedo aceptar? Un ser humano que se siente separado y limitado no aceptará lo que le perjudica y lo que le produce sufrimiento, tiende hacia lo que le proporciona placer y satisfacciones agradables. Es lo natural desde ese lugar en que se halla y aunque se trate de distorsionar desde su postura egocéntrica, aunque se pueda decir: "esto es desagradable, pero lo acepto porque me han dicho que debo aceptar", eso no tiene ningún valor. Los arreglos que hace la voluntad sin que se haya iluminado la mente, sin que haya pasado por ahí la luz, no son espontáneos. Existe una rebuscada deformación que no se percibe, y eso ocasiona estrés, angustia, tensión, depresión y toda esa gama de situaciones desagradables en que nos encontramos muchas veces sin saber por qué aparecen.

 

De repente me encuentro sumergido en una situación de estrés o de depresión, tristeza o euforia. Me parece que por casualidad, estoy angustiado, confuso, nervioso. No es por azar, en absoluto y esto es lo que tengo que mirar bien. Es porque estoy viviendo a partir de una visión errónea, algo falso está moviendo mi vida. No estoy en la verdad. Puedo decir: si, pero es que a lo mejor el régimen de alimentos que tengo no es el adecuado o vivo en una zona donde hay muchos ruidos o en el trabajo me exigen trabajar una cantidad de horas increíbles o en mi familia están abusando de mi, me dan todo el trabajo, ¡qué sé yo la cantidad de excusas!. ¿Para qué enumerarlas todas?. Ya las conocemos, ¿no?. Si no lo veo desde el discernimiento nunca llegaré a la conclusión verdadera de que todas estas situaciones, que ahora veo erróneas, se están ocasionando por una visión falsa. A lo mejor no me gusta verlo y prefiero pensar que me ha tocado una vida dura, que no tengo más remedio que abrirme camino como sea a codazos, a partir de esa situación.

 

         Prefiero cualquier cosa, un motivo psicológico o echar la culpa a la religión que me inculcó unas ideas extrañas. Pero nadie puede forzar a nadie a vivir en el error, sólo la falsedad en la visión, el no ver desde la verdad, la falta de luz nos fuerzan a vivir en el error. No lo achaquemos a ninguna persona, ni al pasado o al futuro ni a las condiciones sociales. Todo se crea a partir de mi visión falsa. La visión falsa en muchas personas ha creado una situación errónea en la sociedad en que vivimos. No obstante, cuando veo lo falso tal como es, cuando ante una situación con expresiones, o actitudes falsas, miro con discernimiento, cuando ahí está la luz y veo las cosas tal como son, noto que aquello es erróneo, y entonces mi posición es verdadera.

 

El decir que mi posición es verdadera, significa que mi posición está liberada, es libre. Nos cuesta trabajo verlo, porque creemos que dependemos de las situaciones externas todo el tiempo. No, dependemos de nuestra manera de ver las situaciones externas, que es algo muy distinto.

 

Las situaciones externas las han creado mentes que están más o menos distorsionadas por emociones, etc., eso es obvio. Sin embargo, nuestra visión de la situación falsa, si es verdadera, es liberadora. Podemos verlo, pero hemos de mirarlo una y otra vez en nuestra vida, no basta con que lo miremos ahora. No aceptemos las disculpas del pensamiento habitual sobre la situación errónea que nos rodea. Desoigamos lo que el pensamiento alega para permanecer lejos de la luz, para no dar un giro y empezar a mirar directamente a la verdad.

 

Discernimiento es esa visión verdadera, que no fabrico yo pensando en mi ordenador particular. A él no se llega por ningún camino de los ya trazados, ni por caminos lógicos, ni por senderos de la experiencia al repetir actos una y otra vez No se llega a través de ningún camino ni escuchando tradiciones antiguas de la humanidad ni tampoco los "últimos" descubrimientos, que son los mismos de siempre, sólo que los llaman últimos.

 

         La verdad es un estado de conciencia impensable. Tener discernimiento es vivir desde ese estado de conciencia nuevo y ese estado no es algo fantástico al que se tiene acceso a través de' unas técnicas exóticas, si es posible orientales. No, solamente por amor a la verdad misma se accede, porque el material con el que tengo que trabajar no es un material extraño, es la vida con la que me enfrento todos los días. No podría ser de otro modo. La existencia humana es nuestro aprendizaje y es nuestro camino de realización; llámese realización humana o realización divina, como queramos llamarla. Porque ¿dónde está el límite que separa lo humano de lo divino? No hay limite alguno, es solamente una mayor y mayor ampliación de nuestra conciencia.

 

Ese ampliar la conciencia, ese romper los límites, esa apertura al infinito parte siempre de la verdad. Los primeros pasos hay que darlos en la verdad, el primer paso será en la verdad. La intencionalidad tiene que ser verdadera. El segundo paso, el tercero, el cuarto y todos son desde la verdad. Por eso la verdad que intuyo es algo sagrado. Hemos de distinguir muy bien ese acto de descubrir la verdad. No hay nada más sagrado que eso, todo lo demás se llama así con relación a esto. Pero son cosificaciones de lo sagrado. Lo sagrado en sí, es ese instante liberador de descubrimiento de la verdad. Y tenemos que distinguirlo de la manera habitual con que nos movemos en la mente. Lo distinguiremos muy bien, precisamente porque al descubrir la verdad no habrá absolutamente ninguna duda, no habrá ningún conflicto, no habrá oposición entre opiniones, porque no habrá inquietud ni para adquirirla ni para imponerla luego a otros.

 

         Al descubrimiento verdadero le acompaña una profunda serenidad y un acceso, el primer acceso, a la libertad. Por eso notaremos que ahí ha habido un descubrimiento de la verdad. La verdad no está en el tiempo, de modo que en un instante, estamos ya en lo eterno. Si luego volvemos al tiempo diremos: "Ha durado poco tiempo". ¡No!, nos hemos metido en el tiempo y ya estamos midiendo con términos temporales algo que es atemporal. Realmente Aquello es eterno.

 

         El instante de descubrir la verdad es liberador y esa libertad es eterna. Si luego vuelvo al tiempo me engaño y creo que soy del tiempo, es decir: me identifico con una entidad imaginada a la que llamo "yo", separada de los demás, con unas formas que están cambiando constantemente. Y mantengo la angustia de identificarme con esas formas.

 

         Si quiero ser algo, ese deseo me va a acarrear muchísimo sufrimiento y frustración constante que intentaré tapar de diversas maneras, divirtiéndome, distrayéndome, sólo o reuniéndome con otras personas. Porque parece que doy más realidad a algo cuando me reúno con personas que piensan lo mismo. Por este camino no se descubre la verdad. El descubrimiento de la verdad no acepta ninguna distracción. No puedo disimular con nada ese impulso de ser lo que realmente soy, al que me está llevando el anhelo incontenible de buscar lo verdadero.

 

         Cada zona nuestra reacciona a lo correspondiente. Lo físico reacciona a lo físico, si hace calor o mucho frío o empieza a llover, el nivel físico reaccionará a eso que está sucediendo. Si me alimento deficientemente o como demasiado, si no descanso, el nivel físico reaccionará a ese nivel. El nivel afectivo reaccionará al nivel afectivo si tengo un ambiente agradable, con amigos que me aprecian. El nivel mental reaccionará al nivel mental; así con un desarrollo favorable de la mente, puedo expresarme de modo interesante y veo cosas y aprendo. Cada nivel reaccionará a su nivel.

 

         Pero, ¿puedo ser libre más allá de todas esas reacciones?

 

         Si cada nivel reacciona a su nivel, ¿qué diferencia hay entre sensibilizarse y tener discernimiento?. Cuanto más sensible, más sufrimiento, más se compenetra con el sufrimiento de los demás, más problemática se crea con las cosas falsas. Existe gran diferencia entre el camino de únicamente sensibilizarse que muchos seres humanos han optado actualmente, y la vía del discernimiento. Purificar el organismo, hacer ciertos ejercicios que sean buenos para armonizar las energías, está bien. No me parece bien tener las energías desequilibradas ni estar embotado y no poderse mover. Me parece muy bueno sensibilizarse, pero no es un camino en sí mismo para llegar a la verdad y a la libertad, sino que es solamente una preparación al- camino, que es poco en realidad si falta lo esencial. ¿Qué haremos con un instrumento sensible si no tenemos una melodía que tocar? Está muy bien que el que va a tocar ponga su instrumento en condiciones adecuadas, desde luego, y lo hará sin duda por amor a la música, pero además debe interpretar la melodía

 

         De la misma manera, los seres humanos por amor a la verdad iremos poniendo de manera espontánea nuestros distintos niveles en armonía. Pero si, como está sucediendo mucho en nuestra época, la persona se limita solamente a poner en condiciones el instrumento, a sensibilizarse, preparar bien la guitarra, que esté bien afinada',,, pero no tiene ninguna melodía que tocar, entonces nos parece que todo eso es muy limitado. La persona no será libre, porque la libertad empieza cuando el instrumento produce música. De lo contrario todos esos niveles estarán, digamos, muertos, sin la luz. Y además, se producirá ante el menor obstáculo un desequilibrio, y habrá conflicto porque solamente por el discernimiento, por la iluminación de la luz, cada cosa se coloca en su sitio. Y el orden y la armonía es el adecuado a cada situación existencial.

 

         En el nivel del pensamiento, no podemos producir la armonía. Es necesario dar paso a la luz. La inteligencia no se fabrica a partir de las formas, la inteligencia es la creadora de todas las formas, y para ir a la inteligencia hemos de ir al origen. Manipulando las formas no vamos a conseguir inteligencia, creerlo parece pueril, infantil, pero incluso los científicos están en este intento: manipular las formas para conseguir la inteligencia y la plenitud del ser humano. No es posible desde ese nivel del pensamiento.

 

         Una investigación sobre el discernimiento tiene como finalidad el abrirnos a la inteligencia que somos, dejando un espacio. Dejar un espacio, es lo que hemos simbolizado con hacer un hueco, colocar las piedras de manera que haya un hueco para que la luz pase. Personas que han cultivado el intelecto al máximo, que tienen muchísima información sin embargo por su carencia de discernimiento se mantienen atados llevando una vida sin plenitud. El pensamiento se ha de movilizar, sí, y en eso consiste una investigación de la verdad, pero desde la iluminación. ¿Vemos la diferencia? Porque si no movilizo los pensamientos dejo las ideas dependientes de la distorsión de mis creencias. Para que no se produzca esa desviación es necesaria una apertura a la luz.

 

         El discernimiento es el resplandor de la luz cuando se ha producido esa apertura. Nunca se insistirá suficientemente para aclarar esta confusión porque sin darnos cuenta caemos una y otra vez en actuar de la manera habitual y creer que pensando podemos llegar a algo. Hemos comenzado diciendo que discernir no es pensar y terminamos diciendo lo mismo: que el discernimiento no se hace desde el pensamiento, que es el resplandor de la luz.

 

 

         Ahora abriremos un diálogo para ver cómo todas las cosas que se han movilizado en nosotros, se presentan a la luz que está iluminándonos en estos momentos.